CUAL ES NUESTRA SEGUNDA OPORTUNIDAD SOBRE LA TIERRA?
Nuestros modelos de éxito nos llevan a acciones que sobrepasan muchas veces los límites morales con que hemos sido formados, nuestras capacidades físicas y mentales e incluso nos llevan a la destrucción del entorno que habitamos, incluyendo la vida de otros seres humanos.
El modelo de éxito sobre el cual crece nuestra generación ha demostrado que por obtener los estándares aceptados socialmente como legítimos, nos ha llevado a una depredación acelerada de los recursos y del entorno, en nombre del progreso social y económico
Esto ha acelerado el consumo de bienes simbólicos que más que cumplir una función de satisfacer necesidades humanas significa un “elevamiento” del status frente a otros miembros de la sociedad que luchan igualmente por superar el nivel de significancia frente a los demás.
Por cuál etapa pasa el Capitalismo actualmente? Por la superproducción de bienes de consumo. No hay renglón de la economía que no esté exigiendo al máximo a sus mecanismos de fabricación para producir miles de millones de artículos que saturan las mercaderías de todo el planeta y compitiendo ferozmente entre las identidades de marca para ganarse segmentos mínimos del mercado y así acumular ganancias para seguir alimentando el proceso productivo.
Y para ganarse tal mercado su mejor herramienta es la publicidad que con sus lenguajes sofisticados y dirigidos a afectar el sentimiento y la moral de los potenciales consumidores, emite miles de avisos en los grandes medios electrónicos e impresos para, a partir de la repetición permanente, ganar los dólares del comprador para su cliente corporativo.
Es un ritmo que aparentemente ofrece bienestar y mejor calidad de vida, pero cuando observamos el entorno nos encontramos con inmensos cinturones de miseria a quienes no vemos en la más pequeña disponibilidad de acceder a algunas de esas comodidades. Es un bienestar demasiado restringido y que exige sacrificios económicos, físicos y lo más inquietante... morales.
En nuestros países latinoamericanos y específicamente en Colombia, cuántos jóvenes no hemos visto que arriendan su cuerpo por un par de zapatillas Nike? Cuántas chicas no regalan toda su sexualidad por un celular V6? Y no solamente eso, hay demasiados casos de homicidios por despojar a la víctima de uno de estos artículos. Sólo señalamos los productos de bajo valor, hacia una mayor escala de significación social de poder y estatus los despojos son más insensatos.
La trata de personas, el narcotráfico, el asesinato, la prostitución de menores, el desplazamiento de poblaciones enteras para apropiársele sus tierras, el engaño a partir de interpretaciones acomodadas de la Ley, son algunos de los métodos para el ascenso social y económico.
Y las calles de las ciudades atestadas de vehículos detenidos horas enteras en los famosos trancones, consumiendo incansablemente combustibles, “refrescando” a sus ocupantes con los aires acondicionados, contaminando permanentemente el aire que se respira, produciendo más calor, más esterilidad de las tierras, más impurezas en el aire y paralelamente, más miseria en las mayorías del planeta.
No conozco los índices de pobreza en el mundo pero nadie puede controvertir que los pobres en el planeta superan en muchos dígitos a quienes viven en un estado aceptable de comodidad, y que los espacios libres de tóxicos son muy pocos hoy para disfrutar.
Cuál es el modelo de éxito social que nos lleva a semejante despojo de aquello que es un regalo cósmico y que es un extenso paisaje para disfrutar y compartir? Es la naturaleza humana muchos pueden responder, que es ambiciosa, codiciosa, egoísta, depredadora, pero igualmente nos encontramos con otros seres humanos que significan y ejecutan en sus vidas totalmente lo contrario, por lo que eso se nos pone en duda.
Pero también desde la cuna nuestros queridos padres nos están inculcando el valor de la competencia con los otros, pasar por encima de los demás para obtener nuestras metas, priorizar el dinero y el ascenso social como parámetro de todas nuestras acciones, proyectar hacia los demás una imagen de éxito que los haga sentir como derrotados, ajustar nuestra moral al cumplimiento de esos fines.
Estos son enseñanzas que obtenemos en nuestro seno familiar y que se refuerza en la escuela y entre nuestras amistades y a diario nos lo está recordando la publicidad y los productos de comunicación, para quienes debemos cumplir bien el papel de seres sociales. Con estos principios es difícil dejar de ser egoísta y codicioso.
Quienes se sensibilizan por la extrema pobreza, por el hambre, por la destrucción del planeta, por el desplazamiento de poblaciones, por la galopante contaminación de las ciudades, son vistos como personas desadaptadas, contrarias a la armonía social, quienes no saben disfrutar de los beneficios que genera el consumo, pero esto mismo se va en contra de esa dinámica productiva: los recursos se les agotan, menos compradores pueden pagar sus precios, mayor violencia en los entornos de sus consumidores.
El calentamiento es ahora política de muchos estados, pero cuando se advertía sobre sus peligros ninguno de esos estados tomó acciones que lo detuvieran, la proliferación del SIDA se coló por el lado más débil, los pobres y los ignorantes y ahora inunda los burdeles más sofisticados de Ámsterdam.
Creo que el ser humano tiene una oportunidad en este planeta de ser más tranquilo, menos ansioso, menos invadido por la angustia y la depresión, más amistoso hacia su entorno, no digamos que hacia otros humanos. Más juguetón, más risueño, más inventor, más plácido con lo que le rodea, con mayor capacidad de disfrute y de asombro, menos calculador y más movido por el azar y por el destino. Hay un camino por vivir y vale la pena disfrutarlo más.
La medida del disfrute que pone el mercado es demasiado alta y siempre inalcanzable, hay esa sensación permanente de insatisfacción que no nos permite ser felices del todo, únicamente eufóricos por un momento pero el resto del tiempo ansiando lo de los demás. Siempre somos menos para el mercado, nunca llegamos a nuestra realización, porque si fuéramos felices de seguro ya no necesitaríamos muchas de las cosas que nos ofrecen desde la televisión o las revistas.
Es tiempo para el silencio, el juego de las luces y las sombras, la música de los sonidos cotidianos o de la respiración de un niño mientras duerme, para respirar lo que sucede a cada instante. Nuestros modelos de éxito nos llevan a la velocidad y la locura que siempre nos deja tirados en mitad del asfalto de una autopista solitaria a plena luz del sol quemando nuestros ojos.
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